Niccolò Paganini debía de ser bastante tacaño. Cuando se enteró de que una guapa y dotada cantante queria casarse con él, dijo: <<¿Casarme con ella? ¿Para que pueda oírme tocar el violín gratis? ¡Ni hablar!>>.
Christoph willibald Gluck caminaba una noche por París. De buen humor, agitaba su bastón de un lado a otro. De repente, la punta del bastón golpeó el cristal de una ventana, que rompió. El dueño de la casa, enfadado, salió a la calle en camisón y exigió treinta céntimos para reparar el daño. Gluck le dio una moneda mucho mas valiosa. Cuando el perjudicado le explicó que no podía darle el cambio, Gluck rompió sin vacilar varios cristales más y le dijo: <<¡Ahora estamos en paz!>>.
Georg Friederich Heandel estaba de visita en casa de una dama. En medio de la conversación, empezó a ladrar el perrito de la señora. Sin vacilar, Haendel cogió el perro y lo arrojó fuera de la habitaión.
-Pero, maestro, ¿por qué hacéis eso? -pregunto indignada la dama.